Hace más de 20 años, la vida de Fabián Disla dio un giro inesperado gracias a una oportunidad sencilla, pero trascendental. Su padre, pintor de oficio y también trabajador en viveros, alquiló una tierra a un señor para sembrar. Durante esos meses, Fabián trabajó a su lado, aprendiendo el oficio y descubriendo el valor de cada planta. Al cabo de ocho meses, aquel hombre se marchó y le dejó a Fabián unas cuantas plantas como “liquidación”. Lo que parecía...
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